El tercer planeta
Edad,
estructura y composición.
Juan Manuel Espíndola.
Este libro nos empieza dando información detallada sobre
la edad de nuestro planeta, lo cual el autor nos hace saber que desde la
antigüedad nuestro planeta ha sido tomado como un objeto de estudio para
aquellas personas interesadas en él, distintos filósofos se tomaron el tiempo
adecuado para plantear problemas sobre su forma y dimensión.
Las dudas sobre nuestro
planeta se platearon desde tiempo remotos, al aplicar los distintos métodos de
las ciencias básicas al estudio de la Tierra, han aportado lo necesario para
resolver todas aquellas dudas sobre nuestro planeta. La historia del concepto y
la determinación de la edad de la Tierra desde hace siglos hasta la actualidad
muestra de una manera clara el gran avance de la ciencia para la humanidad.
La radioactividad permitió
comprender la estructura atómica de la materia y los cambios que se han dado a
lo largo del tiempo esto conlleva que la materia del universo se compone de
átomos, los cuales al momento de combinarlos forman unas distinguidas moléculas
cuyas cuales también componen de nuestro universo. El modelo atómico de
Rutherford ha podido visualizar la relación entre el átomo y sus componentes
subatómicos.
La
Tierra fue el resultado del proceso del cual se desconocen los detalles que dio
origen también a otros cuerpos del sistema solar, nuestro planeta se alejó del
resto del sistema solar y se convirtió en un planeta independiente que con el
paso del tiempo adquirió una diferenciación interna y no fue sino mucho después
que aparecieron las primeras rocas. Las rocas antiguas son una gran herramienta
para poder obtener el tiempo de antigüedad de nuestro planeta ya que con esto
podemos saber si la Tierra era ya un planeta con una corteza formada, no
obstante, una estimación exacta no es proporcionada por los isotopos del plomo,
el material sideral de que se formó el planeta tenía una composición que
abarcaba átomos pesados de plomo y uranio. La composición isotópica original
del plomo en la Tierra era diferente de la actual puesto que se han ido
añadiendo, con el tiempo, átomos de plomo que provienen del decaimiento
radiactivo del uranio y el torio. Este hecho fundamental fue utilizado para
obtener la edad de la Tierra desde que ésta se convirtió en un sistema cerrado.
Al momento de viajar a la Luna
obtuvieron muestras de rocas lunares. Uno de los estudios que despertó mayor
interés fue la determinación de su composición petrológica y su edad teniendo
resultados que estos estudios han dado han contribuido grandemente a entender
el origen tanto de la Luna como del Sistema Solar.
La mayoría de los planetas
tienen órbitas regulares que se trasladan en la misma dirección con excepción
de Venus y Urano, los demás planetas del sistema tienen el mismo sentido de
rotación que la Tierra. Finalmente, las distancias de los planetas al Sol no
son arbitrarias y parecen seguir un orden regular. En la actualidad los
astrónomos pudieron observar que los procesos de nucleosíntesis, se realizan en
el interior de las estrellas, y esto ha permitido formar modelos de creación
del Sistema Solar a partir de nebulosas cósmicas.
Los
terremotos consisten en la propagación de las ondas sísmicas a través de la
Tierra, lo cual nos ha llamado la atención de conocer el movimiento del terreno
en un punto dado. Una gran forma de inventar un sismógrafo sería el suspender
un estilete del vacío y registrar el movimiento del suelo por medio de un
tambor sujeto al suelo y que gira con velocidad constante, no obstante, es imposible
suspender un estilete y esto nos llevó a la conclusión de resolver el problema sujetando
el estilete de una masa de tamaño apropiado, pues como sabemos por la primera
ley de Newton, una masa tiende a permanecer en su estado de reposo si no hay
una fuerza que la acelere. De esta manera, el movimiento del suelo puede
registrarse debido a la inercia de la masa en que está colocado el estilete.
Además de la masa, nuestro sismógrafo debe ser complementado con un sistema de
amortiguamiento que evite la oscilación libre de la masa. Con el paso del
tiempo ha aumentado el caudal de datos sismológicos y éstos han aportado
información más completa sobre el interior del planeta. Hasta la fecha se sabe
que en el manto existen zonas de discontinuidad caracterizadas por bajas
velocidades sísmicas. Asimismo, se ha podido reconocer que algunas
discontinuidades como la que existe entre el núcleo exterior y el interior, no
son abruptas sino extensas y complejas.
El
núcleo y el manto establecen predominantemente la composición de la Tierra. En
términos de masa, la corteza y sus vecinos externos (hidrosfera, atmósfera)
constituyen menos del 0.5% de la masa total del planeta. Sin embargo, no
poseemos información correcta sobre la composición química del interior de la
Tierra. Existen distintas rocas, por ejemplo, las kimberlitas que provienen de
grandes profundidades. Esto se sabe porque son portadoras de diamantes que sólo
pueden cristalizar a las altas presiones y temperaturas que se encuentran en la
parte superior del manto. Aun así, estas profundidades son pequeñas comparadas
con el radio del planeta. Por lo tanto, para conocer la composición química del
interior de la Tierra y su estado físico es necesario deducirlos a partir de la
información que podemos obtener en su superficie. Dos fuentes de información
nos proporcionan los datos que pueden utilizarse en esta empresa. La
constituyen los datos que pueden obtenerse en la superficie de la Tierra, por
ejemplo, las trayectorias y velocidades de las ondas.
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